Ventanas


Hace unos días, en una noticia que recogía las quejas vecinales por los ruidos generados en una sala de conciertos, me destacó esto:

El 10 de octubre de 2013 se efectuó una medición de sonido en los dos pisos de la primera planta que no superó los límites, aunque una de las propietarias manifestó, según Méndez, que no quería allí ningún tipo de negocio

Inmediatamente recordé esta foto de 2006:

twenty

En 1978 abría en A Coruña el cine Valle-Inclán, una sala que nacía en forma de cooperativa con la intención de traer a la ciudad una programación estable de lo que por aquel entonces se llamaba “cine de arte y ensayo”.

Durante décadas mantuvo esta función, e incluso cuando su programación se abrió a contenidos más generalistas era el lugar en el que, por ejemplo, conseguían estrenarse películas como Lunas de Hiel. Finalmente cerró el 29 de julio de 2000, y el 30 de noviembre de 2004, tras haber sido durante un breve espacio de tiempo la Discoteca Cine, ocupaba su lugar el Twenty Century Rock, bar con claro estilo americáno que intentaba trasladar a la ciudad el exitoso modelo de una sala viguesa.

El Twenty aguantaría en esta ubicación hasta septiembre de 2011, dejando el espacio vacío durante 3 años, cuando el Garufa, un clásico de la movida coruñesa, decide trasladarse para dedicar parte de su actividad a la música en directo, aprovechando para ello que el local poseía buena parte de las infraestructuras de insonorización necesarias, aunque por lo que parece el nivel de ruido legalmente permitido no resulta asumible para los vecinos.

En plena indagación de los procesos de crecimiento y mutación de una ciudad, la pequeña historia del número 5 de Comandante Barja no deja de resultar llamativo. Por un lado, por ser reflejo de la constante reconstrucción de las costumbres de ocio, por otro por lo que ya en su momento simbolizó esta foto: el momento en que la vida en las calles pasa a ser objeto de vistas desde una ventana.

Apenas se encuentran rastros por internet del cine Valle-Inclán pese a haber sido en sus tiempos un pequeño referente cultural. Menos aún existe de la Discoteca Cine, probablemente por haber nacido en un momento en que ese modelo de ocio nocturno ya no tenía tanto tirón. El Twenty, sin embargo, deja cientos de fotos y hasta incluye en su anecdotario una sonada celebración del F.C. Barcelona. El tiempo es relativo, y así como en la memoria el viejo cine existirá para mucha más gente, un local de moda fue capaz de generar más recuerdos compartidos por una comunidad de usuarios mucho más delimitada.

Pero desde 1978 hasta hoy existe algo más: la transformación de lo que se percibe como deseable. Dejando a un lado la problemática que en toda ciudad existe al aunar zonas de marcha y el derecho al descanso, en el caso de la calle Comandante Barja la realidad es que existe un único local de estas características, y además personalmente me resulta complicado entender cómo el perfil actual, orientado a la música en vivo, puede resultar más molesto que su predecesor, en el que los decibelios constituyen un elemento clave a la hora de crear un ambiente que permita generar esa comunidad.

Tal vez la clave resida en esas ventanas, esa vertebración de los espacios interiores en los que las vidas no tienen interés por otras calles que no sean las suyas. El conflicto final de las ciudades, en las que lo habitable se convierte en un concepto enfrentado a los diversos modos de usar los espacios.

Publicación original: enimaXes

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